Hacía mucho frío
cuando te besé en la glorieta.
Entonces decidiste no significarte.
Este otoño irremediable me ha enseñado
que llegar tarde es sólo
una apreciación cronológica,
un detalle, que en algunas circunstancias,
carece por completo de interés.
Porque ahora,
que paseo por esta misma plaza,
sencillamente, estás.
Foto de Estravagario.
Los incrédulos,
los que guardan acuse de recibo,
los que no perdonan,
los desencantados,
los que no aceptan limosnas.
¿Por qué venís ahora a redimiros,
inconsecuentes,
como si el amor fuera cosa
de todos y de cualquiera,
como si nunca hubiésemos matado a nadie
en su propia casa?
Llega a veces ese hambre,
como de no haber comido pan en la vida.
Acecha en el Metro con una pareja
entrelazándose las manos
a las nueve antes del mediodía,
domicilios conyugales,
viajes organizados en agencia
donde terceros, aparte del agente,
son multitud.
Y me pregunto cómo será,
lo mismo que me preguntaba con quince años,
malpensada como soy,
más trotada, más vivida, más generosa,
cómo, ¡cómo!,
es decir a alguien que le quieres
estando segura de encontrarle
mañana y al otro mes,
también al despertar. Buenos días.
Y basta con dejar caer los párpados,
para llenarse las tripas de golosinas,
y darse un baño de sándalo,
para olvidar el hambre de pan.
Porque hay un hambre atrasada
que no se olvida por desconocer.
Un hambre terrible
como de no haber comido pan en la vida.
Viajé esta vez sin ningún libro,
con un hospedaje desacostumbrado por lo opulento,
reservado el día anterior,
con miles de pulsaciones en el teclado
y decenas de folios escritos por las dos caras.
Horas de gasolineras, paneles solares,
autopistas de peaje y ordenadores portátiles.
Qué sensación extrañamente cálida
de vaciar la maleta en una habitación sin fotografías.
"Si quieres te dejo dormir una siesta",
deferencia y concesión de hombre de mundo,
que ha visto muchas camas
y que en cada de una ellas
siempre hizo un excepción.
¿Cómo decirte que cada día estás mejor,
en este salto mortal sin pretensiones,
sin romanticismo, tan vero,
tan delicadamente burdo y lleno de sabiduría,
si no eres nada mío
pero eres mucho más que eso?
Pecado de ignorancia no reiterarse
cuando no he vuelto a sentir,
mano a mano,
una relación tan entre iguales.
Pensaba como una adolescente,
en girar cabezas a mi paso.
Y las giré.
Pensaba como el esclavo,
en asegurarme un salario.
Y me lo aseguré.
Pensaba como el analfabeto,
en publicar un libro.
Y publiqué dos.
Pensaba como el hombre acomodado,
en ascender de categoría.
Y ascendí.
Y ahora que me levanto una mañana
de urbana primavera,
compruebo que la envidia y la humillación
son monedas de cambio,
y me pregunto si en este mercado
no habré participado también yo.
Quiero ir con aquel a quien amo
Quiero ir con aquel a quien amo.
No quiero calcular lo que cuesta.
No quiero averiguar si es bueno.
No quiero saber si me ama.
Quiero ir con aquel a quien amo.
(Bertolt Brecht)

La vida se despliega
con las ventajas del mundo moderno
un poco más tarde de lo que supuse:
hoy he cocinado mis primeras lentejas
a pesar de llevarlas años ganando.
Me veo muriendo, muy anciana,
y confesando ("todo lo quisimos
y todo lo tuvimos, ¿no es cierto?").
Retozando en brazos del entusiasmo,
paseando al sol
a pesar de los autómatas con sombrilla,
gozando de la sensación de escapar
a las gravedades,
en cada paso,
ganándome la luz del día
con una opinión fundamentada
en el ser humano y en su dicha.
Tratando al espectador con el debido respeto,
aun sabiendo que la realidad no tiene remilgos,
formulas de cortesía
ni buenas maneras.
Hoy ya no tengo miedo de querer.
Hoy ya no tengo miedo de no querer.
¿Qué veo? ¡Pero si es mi segundo libro! Atentos a la nómina de autores: Vila-Matas, Montero Glez y Manuel Vilas (entre otros). Se trata de una antología de relatos recogida por Mario Crespo & José Ángel Barrueco. Ya a la venta en las mejores librerías. Publica Ediciones del Viento.
Violeta Castaño, Rafael Sarmentero y esta humilde servidora vamos a recitar poemas hasta que se os caigan las orejas al suelo. Será el martes 25 de enero a partir de las 19:30 horas.
A Rafael Sarmentero, por sus sabios consejos
Un día de invierno claro otra vez,
en un lugar donde la música amansa a la fiera
que araña la abyección del mundo.
Hoy no puede haber malas noticias,
¿A dónde se fue el humo espeso que secaba los brotes
y despedazaba las orquídeas?
Soy la persona que desea matar,
que mira y anota,
y trata de querer a sus semejantes tal y como son.
Volverá a romperse el entusiasmo en línea recta,
como una tela rasgada.
Podrías preguntar a los dementes y a sus galenos,
cómo nos componemos de nuevo cuando ya somos polvo,
y volverá la carne a ser suave
como las sábanas de los recién casados,
y los huesos a ser calcio,
y los músculos a ondularse sensuales como las dunas,
como las curvas de la alfarería.
Pues el hombre que vive sabe sin duda
que esto sólo puede deberse
al secreto del alma vegetal del homo sapiens,
a la regeneración perpetua de la alegría.
Ayer besé a un hombre en una glorieta.
No salió bien. No salió mal.
Era noche cerrada, pero la multitud
la abarrotaba como un gallinero.
No fue romántico,
no me siguió,
tampoco acabamos en la cama.
Fue más parecido a una apuesta,
la última copa me envalentonó
como a una asesina.
Sonrió prudente, silencioso,
levemente intimidado,
como siempre por mi carácter.
No sé qué le ha parecido,
si dejará de hablarme
o mentarà el incidente.
Fue un pago involuntariamente postergado,
una forma cualquiera
de prometer mi presencia.

A Caponata.
La felicidad es tener más de aquello que tenemos poco.

Han bajado las temperaturas,
no hace falta que lo jure el hombre del tiempo.
Creo que mi autobús aceleró sigilosamente
mientras dialogaba en un idioma absurdamente anglosajón
con un extranjero de mediana edad.
Unos manifestantes colapsaban la estatua de la diosa
reclamando unos derechos que ya contempla la Constitución
desde hace treinta años.
Sí, han bajado las temperaturas.
Y me recrimino llegar demasiado pronto o demasiado tarde,
a todas partes, reiteradamente.
No puedes siquiera sospechar
cómo una sonrisa tuya de mas diez segundos
puede arreglarme la mañana.
Más que un día de vacaciones.

Espero veros allí. Entrada libre además.

A mi amigo Javier D'Achiardi
No te molestes si te llamo Don Quijote,
de La Mancha a Bogotá,
pasando por Legazpi, línea seis.
Que te preguntas entre misticismos cada lunes
dónde quedaron las enseñanzas
de los viejos filósofos
en el mundo de los limpios despachos
y los hipócritas trajes con raya.
Movido involuntariamente hacia la alegría,
como el cuco que sale a dar un recado
a pesar de su repetitivo quehacer.
Pues ser Don Quijote en los tiempos
de la mentira rotativa,
blanquea tanto el karma
como fingir paciencia ante los idiotas.
Que hay quien se refleja en espejos repujados de bronce
y quien admira su rostro fascinado
en el agua sucia del retrete.
Pues Don Quijote es noble hidalgo
que perdura en el recuerdo de la loca bonhomía,
¡y qué va a hacer el barbudo caballero
cuando el cuerpo se le queda demasiado pequeño
o es el alma que escapa por ser demasiado grande!

A veces uno es tan inconsciente
de salpicar su mañana
de egocentrismo y omnipotencia.
Ya ven, algo que se deja caer sin mala fe...
Comentan que este abrigo debe durarles,
al menos, cuatro inviernos.
Que a aquél le gustaría, si Dios quiere,
tener dos hijos (¡ojalá gemelos!).
Que mañana en el trabajo,
si no tienes una urgencia,
harás esa llamada personal a un 802
para ahorrarte unas monedas.
Que el próximo junio pintarás tu casa
(no has decidido el color, pero gana el amarillo pollito).
Que aún está pendiente ese viaje a Buenos Aires.
Caballero, recoja los zapatos este martes sin falta.
Y entre cosa y cosa, puede que las cosas
estén esperándote sin ti por entonces,
que las cosas estén y sean, y tú no.
No es mi estilo ponerme en lo peor si hay oxígeno,
pero en este caso lo peor es lo único.
Me creía muy especial
hasta que empecé a conocer a la gente:
ahora pienso que la normal soy yo.

Resucitan los muertos sin saber cómo,
cuando camino sola por la calle,
y me cruzo con rostros que tienen algo de ellos.
Espaldas y hombros que han roto mi tranquilidad,
mis ojos sujetos a sus nucas (¿son acaso?).
Recuerdo que en algún momento estuvieron en un presente:
muchos tenían gato,
otros coche,
otros jardín.
Pero siempre, siempre, invariablemente,
rememoro cuando si anduviera aún por allí,
dónde estaba el baño, dónde la cocina,
cuáles son los platos que cocinaron para mí,
y sobre todas las cosas del mundo
en qué esquina nos alojaba la cama.

Coincidían los sabios,
expectantes, sin habla,
sufriendo un síndrome de Stendhal.
El pintor delante del cuadro,
el escritor delante del libro,
el místico delante del acto,
el pintor delante del libro,
el pintor delante del acto,
el escritor delante del cuadro,
el escritor delante del acto,
el místico delante del cuadro,
el místico delante del libro:
“Para hacer eso el autor debió de haber amado mucho”.
Y todos asintieron.

Podría escribir una obra cumbre,
dormir en un parque,
o convertirme en gloria olímpica.
Y aun así me seguiría faltando
la misma luz al salir de la cama.
¿Qué hago yo ahora con este frío
si me lleva asaltando un pensamiento con rever
veintidós años, a falta de treinta y nueve más?
Estoy desconsolada. Tirito.
No quiero ir a trabajar.
No quiero echarme al mundo.
No quiero que el mundo me eche veneno a mí.
Olvidadme en un rincón oscuro, con una manta.
¿Por qué me siento tan deshumanizada?
¿Dónde está escondido el botón de off?
¿Dónde el arte?
Sospecho que la muerte debe de parecerse en algo a esto.
No soy un jarrón tan caro,
algún ejemplar de homo sapiens así lo refiere,
es sólo la indecencia de mi carácter.
Puedo acaso jurar sobre el horizonte de Madrid
que lo único que me hace feliz son las personas.
Ya ves que tengo lo peor de los gatos
y lo mejor de los perros,
que estas aterciopeladas plumas
me las quito siempre antes de dormir.
Entiendo y perdono que se dude
ante una bofetada o un abrazo,
que necesito los dos por igual
y a veces no llega ninguno.
Vivir es un mensaje mixto,
vivir es un eterno polvo de reconciliación.

Seguiré dándote la mano
con ganas de llevarme la tuya a la boca.
¿Por qué estas escenas se me cruzan siempre
como publicidad subliminal? No las busco.
Pero son las palabras las que me mueven las faldas,
las únicas que pueden descubrir que no llevaba nada debajo.
Todos tenemos un pasado, no seamos idiotas.
Yo tengo además futuro y nada que me ate.
Porque fue como verme en un espejo
y me asalta la piel a veces,
porque fue vista por dentro y por fuera.
Será que las películas buenas casi nunca se olvidan.

Velé los sueños de tanta gente,
me quité el alimento algunos días,
expuse el rostro al sol tantas mañanas,
(cuando no fue nieve la que cortaba),
callé tantas cosas,
dije tantas otras,
corrí horas a contratiempo
y llegué tarde a mis maratones.
Os he querido mucho a todos,
nunca fuisteis un trámite,
no significasteis más que un fin.
El fin tenía nombres y voz,
pero la rama se ha secado
y ya no quiero cuidarla más.
Decidí prender fuego a mi huerto,
y lo triste es que
tuve que hacerlo por la fuerza.

Todo lo que va, viene. Por eso el gran poeta Dani Herrera vuelve de hacer las Américas desde las lejanas tierras de California. No vuelve para quedarse, desde luego, porque sus alumnas le echarían mucho de menos, pero sí para darse una alegría con la gente del antro de siempre.
Se leerá poesía, se beberá y se gozará (cada uno en la medida que pueda). Quedan todos ustedes convocados el 25 de marzo en el Bukowski Club (San Vicente Ferrer 25, Madrid, Metro Tribunal) a eso de las 21:00 horas.

A veces gritan todas mis células al unísono,
cuando odio y cuando me enamoro,
maldita conciencia de clase,
benditas ganas de matar,
engendradas en mi ADN
de carbón y fibra óptica.
Los amarracos somos nosotros,
no me pregunten qué hacía yo allí,
reyezuelos de empresa,
cafres de linaje, que cerrarán
el viernes por la noche el negocio
a dos putas por cabeza.
Hombres indignos y malcasados
que competirán por conseguir
el coche que más contamina,
memos que aún no se han planteado
que dentro de veinte años
les limpiarán el culo
mientras hablan de su viejas glorias
(cuando todavía alguien les hacía caso).
No me pregunten qué hacía yo en aquella reunión:
pues escribía en mi memoria este poema.

* Retrato de un sans coulotte en La Revolución Francesa
Hoy se estarán preguntando en sus casas
-porque el ser humano es así de idiota-
qué es lo que hicieron mal.
La chica morena que se pinta los labios de rojo,
salió llorando del baño,
la compañera rubia estuvo riendo hasta la hora de comer
sin advertir que lloverían sapos muertos por la tarde.
El hombre de la trenza en la barba
tiene una muñeca que trajo de China
y que desayuna todas las mañanas.
Alguien de Administración trajo mecánicamente unos papeles,
la rabia ya no se contiene cuando no se tiene nada que perder.
Seguiremos partiéndonos la cara por un trozo de pan mohoso,
pero sus asientos el lunes estarán vacíos.
El miércoles salí de la agencia a las siete y un minuto
y eché a correr por Alcalá:
los viandantes me miraban,
temían que hubiera sustraído sus carteras.
No corría porque perdiera el autobús,
corría porque sí,
porque el Diablo ya había puesto sus ojos en nosotros.

Me han propuesto ser artista invitada. Y no he podido decir que no.

Luego dicen que Internet acaba con la cultura. Hacia los dieciocho o diecinueve comencé a interesarme por la poesía (al margen de los penosos ripios con lo que nos solemos iniciar antes). Conocía los autores que nos habíamos metido entre pecho y espalda en el colegio. Pero, ¿cómo decirlo?, a mí Garcilaso de la Vega, Bécquer y toda la troupe me la sudaba. Imaginaba que existirían otros poetas que pudieran suscitar mi interés, y por suerte para mí, di en la Red con una lista de literatos españoles ordenados cronológicamente. Como pueden imaginar empecé por atrás. Y empezando por atrás uno puede dar con Lorca, con Cernuda o con Jaime Gil de Biedma.
¿Saben esa sensación, cuando uno conoce a una persona que le gusta mucho, que dentro de 30 años le seguirá gustando mucho y que le provoca los instintos más primitivos de día y de noche, de joven y de viejo, like a Rolling Stone? Pues así fue con Jaime. Me entusiasmó, me fascinó. Llega a tal grado que hace apenas dos meses intenté leerlo en el autobús y antes del quinto poema ya había hecho que se me saltaran las lágrimas. No pude sino guardar el libro.
Todo esto viene a cuento del estreno de la película El Cónsul de Sodoma, dirigida por Sigfrid Monléon, protagonizada por Jordi Mollá y basada en el cuidadísimo y prolijo libro de Miguel Dalmau. He estudiado todo lo que ha caído en mis manos hasta el momento sobre la vida y milagros de Jaime Gil de Biedma, y quizá no pueda decirles si la película es buena o mala, si me ha decepcionado o no. No puedo olvidar que se trata de un biopic (como ya saben, se trata de un genéro cinematográfico que narra o adapta biografías de diversas personalidades de todos los ámbitos), por tanto se ejecute como se ejecute, nunca dejará de ser un corta y pega de los distintos momentos de la vida de un tipo o tipa. Quizá el guión pudiera haber dado más de sí, pero los escenarios han sido tal y como los he imaginado siempre. Desde la mitad de la película dejé de ver a un actor para ver al poeta que nunca pude conocer. Jaime Gil de Biedma murió en el año 1990, de SIDA. En aquella época, esta mujer que les escribe contaba con 7 años. No sabía quién era Jaime, no me importaba quién era Jaime y no recuerdo noticieros ni periódicos del día. Hoy hubiera dado un brazo por acercarme al poeta que era un poema y darle las gracias. Pero volvamos de nuevo a la película, porque el mito me lleva siempre a rastras por el camino que quiere.
Jordi Mollá (también Josep Vinuesa, creíble Carlos Barral) aporta una calidad a la película fuera de toda duda. El resto puede ser perfectamente discutible. Existen varias escenas destacables por su importante carga emotiva: cuando Jaime amaga una visita a un hospital, otra escena de una riada, el baile de la hija de Carlos e Yvonne, el papel que mete en la chaqueta de su padre, y por supuesto la escena final. Sigfrid Monleón ha preferido no recrearse en los últimos y patéticos momentos de Gil de Biedma (incluyendo la paliza y el robo por parte de un chapero). El protagonista (Jaime, no Jordi) de El cónsul de Sodoma se evade de su enfermedad estando en contacto con una de las experiencias que más satisfacciones le ha dado: el sexo. Pero esta vez de forma absolutamente pasiva.
Por favor, vayan a ver la película. Nosotros no pudimos conocerle, pero la voz, las maneras, la arrogancia, la ternura y la ironía de la interpretación nos llevarán hasta él. Y qué coño. A Jaime le hubiera encantado ser interpretado por un hombre tan guapo y talentoso como Mollá.
Allá donde estés Jaime, espero que te comas tu nueva vida como te comiste la anterior. Feliz existencia.




Pueden ver aquí el trailer: http://www.youtube.com/watch?v=zXlknsa-6KE
Se acuerdan de mí,
a veces suena el teléfono
mientras estoy en la ducha.
En ocasiones me llaman para cenar
cuando estoy a punto de concluir un libro.
Si no fuera el lunes a trabajar
mi jefe correría alarmado paredes arriba,
¿sabéis qué ha pasado con Marta?
¿Estará enferma?
¿Le habrá tocado la Bonoloto?
También mis amigos viajan y me traen recuerdos,
o exclaman divertidos que les vine a la memoria
cuando vieron o escucharon algo.
Me envían achuchones, pellizcos, besos en la boca,
fotografías desde el extranjero.
Un hombre me dice frases ininteligibles desde una furgoneta,
tú me comentas los poemas.
Pero últimamente me miro al espejo y pienso
que ojalá nunca llegue un día donde no me llamen,
porque existiré sin existir,
que es lo mismo que no hacerlo,
y aunque la juventud se haya ido,
aunque mis mohínes ya no tengan gracia,
y carezca de lugar donde caerme muerta,
que me llamen,
que me llamen,
que me llamen.

Gloriagil alguna vez tuvo un apodo,
que constituyó su único artificio.
Puede que por eso no comprenda
la parábola del hijo pródigo,
ni la fundación de Roma,
por mucha Cultura Clásica que imparta,
porque las cosas son como son
y están donde han de estar.
Ella matará corderos por los que estuvieron siempre
y maldecirá la lenidad de los raseros múltiples.
No te apures, amiga, si los amos no te tiran una galleta,
yo te digo que fueron siempre para los perros tontos.

Pueden leer a Gloriagil en http://gloriapage.blogspot.com/
Sauce llorón:
cuanto más creces más cerca del suelo estás.
No das fruto de pecado primigenio,
ni curan tus limones el escorbuto.
No inspiran haikus tus flores,
no te yergues robusto en el campo trabajado por el que trabaja el campo.
No creces orgulloso pretendiendo conseguir el cielo,
ni muelen tu carne los andaluces de Jaén.
Ahogas a quien se acerca a tu sombra.
Lloras de pena, sauce,
lloras de verte sauce,
lo mejor que podrían hacer es talarte, sauce.

Cayó la URRS,
cayó el muro,
cayó el Che,
cayó el ozono,
cayó Elvis,
cayó Lennon,
cayó Madrid,
cayó la dictadura,
cayó la segregación,
cayó el machismo,
cayó más de una torre,
cayó la anarquía,
cayó el Imperio Romano,
cayó Numancia,
cayó un trabajo,
cayó otro trabajo,
cayó un amor,
cayó un amigo,
cayó un año tras otro,
cayó otro amor,
cayó otro trabajo,
cayó otro año,
cayó otro amigo.
Y todavía me miro al espejo
y me pregunto por qué cambia la gente.
Cuando me encuentren deliberadamente caída y muerta en el baño
sepan que la próxima iba a ser yo.
Y que sólo me adelanté.

Este poema se escribió mientras escuchaba Everybody's changing de Keane http://www.youtube.com/watch?v=maKVPe677Jc
Por desgracia este poema no es mío, pero ojalá lo hubiera sido. Quién no ha pensado esto al levantarse para tener que ir al trabajo. Con todos ustedes un poema de mi amigo Dani Orviz.
Niña de la cueva,
los campos azules
de encima de techo de mundo gigante
estar ya despiertos.
Grandes y tan bellos.
Los toros de nieve cambiantes
cabalgar al alba
jinetes de fuego sentados en ellos
dejar olvidadas sobre nuestra tierra
muchas cosas nuevas.
Y si tú dejarme
cogida de pelo de sol
yo llevarte
a descubrir ellas.
Niña de la cueva.
Niña de la cueva,
yo ser no valiente.
Yo hombre no firme.
Cachorro.
No fiera
de afilados dientes.
Todos de mi gente:
Cobarde,
decirme,
porque tener miedo
cuando después rojo final de los días
arriba
en oscuro
grande bestia negra de nombre “Futuro”
guiñarme mil ojos.
Y yo tener claro que yo ser no fuerte.
y yo tener claro que ser no guerrero.
que fácil por muchos asustarme
pero
sin duda
sin miedo
yo manos desnudas subir lejos,
fuera
a cazar de cena la carne del cielo
si tú tener hambre,
Niña de la cueva.
Porque,
por tú verme,
caminar erguido
y quitar con agua maloliente lodo de mi piel,
y solo
para tú contarte
guardar muchas cosas aquí donde frente,
saber de corrido el nombre de todo.
Y aunque por ser débil
y ser poca cosa
y no ser capaz de cazar ni una cabra,
no tener yo piel para hacer tú vestido
Niña de la cueva
para que tú hermosa
yo tallar tú estas piedras preciosas
llamadas “palabras”.
Y cuando los miedos agarrarme el pecho
y el frío azotarme en agujero estrecho
que yo llamo cama
Sentirme valiente,
sentirme caliente
por saber que
yo
No querer mañana
No querer planetas. No querer cohetes.
No querer ciudades. No querer antenas.
No querer la bomba, la radio, la tele.
No querer tejanos.
No querer motores.
No querer el nylon.
No querer la imprenta.
No querer comercio.
No querer las leyes.
No querer la banca.
No querer polea.
No querer palanca.
No querer el templo.
No querer moneda.
No querer la espada, no el cuero, no el arte.
No querer el hierro.
No querer la rueda.
No querer el habla.
No querer el fuego.
No querer ser hombre.
No querer ser nada
si tú no quererme
Niña de la cueva.

Daniel Orviz está en http://novedadesincreibles.blogspot.com/
Queridos amigos de Poesía que no es cursi. Ya tocaba hacer un recital para vernos las caras. Será el próximo sábado 31 de octubre en el barrio de Malasaña, en Madrid. Mi partenaire será el poeta Rafael Sarmentero (http://www.rafaelsarmentero.com/). La entrada, por supuesto, es gratuita, pero aceptaré flores, cajas de bombones y diamantes de 10 quilates (mínimo). Además podéis beber copazos mientras y ligar con el resto de asistentes en el pre y post recital. Os esperamos con mucho amorrrr.
¡No faltéis que pasaremos lista!

Recordatorio:
El objeto indirecto o complemento indirecto es un constituyente sintáctico regido por un verbo transitivo, generalmente no obligatorio, cuya interpretación semántica o referente designado es un receptor, benefactor o meta de la acción verbal expresada por el verbo. De forma simple se puede decir que corresponde al beneficiario o perjudicado por la acción del sujeto (caracterización semántica), y suele ser más a menudo persona que cosa.
En octubre los edificios oficiales parecen más altos,
la gente de la calle mucho más respetable,
y en el trabajo no saben que esta aparente concentración
se debe (me debo) a un poema.
Qué necesaria la gente.
Cuántas acciones, interacciones y devociones a lo largo de la semana.
Bien sabe Dios que cinco de cada siete días querríamos morirnos
de no ser por el sentido de los complementos indirectos.

(Estén atentos a sus pantallas, se prevé un próximo recital en Madrid).
No hubo vez en que no lamenté
que la fiera se acurrucara al lado de alguien.
Dime cómo lo has hecho,
si puedo acabar con un avispero con mis propias manos,
si siempre que jugué con fuego salí quemada por no hacer trampa?
Ya sé que tengo mucha sangre,
a veces demasiada, y que por ello la exijo como en contienda,
pero no se trata de un intercambio justo
cuando me convierto en carne y lana.
Que cada jornada en que llego al trabajo sin noticias,
estoy yéndome más hacia alguna parte,
¡aún podemos ganar el tiempo que nos roban,
atrasar con el dedo las manecillas de los relojes!
Sabes que nadie se ha besado así al fondo de una tetería.
Prosigue.
Y si ningún afán te lo impide
adelántate y cierra la puerta con llave.
Para que no me vaya.

Hallábame en un problema existencial de falta de entusiasmo, de permeabilidad y de explosión creativa, pero me veo obligada a salir de este silencio. Lógico: veo mucha cutrez alrededor. Últimamente no puedo asistir a ningún evento literario donde no me vendan al final del mismo 3 ó 4 productos, normalmente de autoedición. De forma reiterada. ¿Esto es malo, se preguntará usted? No necesariamente, pero sí cuando su mundo poético acaba degenerando y limitándose a eso: vender. Ya no interesan las relaciones personales excepto para el spam. He conocido y conozco mucha gente admirable, brillante, artistas al fin y al cabo. Ha sido tal el placer de su conversación y compañía que aquellas relaciones acabaron trabando en amistad. No éramos nadie, sólo un grupo de gente que leía, escribía y compartía una copa en la oscuridad de cualquier bar o cualquier casa. ¡Os quise y os quiero tanto! ¡Y el arte que nos unió ahora nos devora sin remedio! ¿No os dais cuenta de que me interesáis más vosotros que toda la puta poesía de este mundo?
Me sentiría ridícula si cobrara a mis amigos por asistir a mis recitales, me sentiría ridícula poniendo continuamente en compromisos a mis compañeros para que me compren un maldito libro, me sentiría ridícula haciéndome un grupo en Facebook que se llamara UB poeta de primer orden y enviando invitaciones a mis conocidos, me sentiría ridícula pregonando mi malditismo.
Debatamos.

Vino por tierra, mar y aire,
aprovechando el único flanco de piel entre la coraza.
Lo soñé una mañana canaria anegada de sudor,
en un hotel ruidoso y descuidado
donde sólo me tomó un minuto descomponerme y morir.
Preguntaron por mi bravura matutina,
y no acerté a decir, que al despertar,
me había sentido como una paloma atropellada en la carretera.

Mutamos y permutamos
como enunció alguna Ley.
Subsistiremos,
pequeños pinzones de Darwin,
nos volveremos otros,
seremos más fieros,
más listos,
indudablemente también más tristes.
Nadie nos pregunta cuando crecemos
si nos gusta dormir
con una pistola bajo la almohada.
Tal vez ya forme parte de nuestra anatomía.

Estabas en un banco de Fuencarral,
la Santa Muerte nos guarde,
alargabas tu mano de trabajadora, viuda y arrugada
con la falta de costumbre,
propia del orgullo de quien teme molestar.
Creo que ni siquiera conocías tu papel de mendiga.
Decías ayuda. Puede que algo parecido.
Entendí que hasta el niño más pobre
podría echar a correr delante de ti.
Deseé creer entonces todos los augurios proféticos:
que no iba a faltarte de nada,
que por allí arriba serías la primera.
Te cedo mi puesto y los de los cien que me anteceden,
te regalo mi manta y mi despensa.
Recuerdo que te sonreí y te alargué una moneda.
Yo pensaba en tu dignidad,
seguro que tú también cuando saliste a pedir un mal día.
Me llenaste de bendiciones,
pero yo sentí ganas de arrojarme a un pozo
como una proscrita de los cielos.
Ojalá me hubiera arrancado mi edad, mi salud,
el reloj y los pendientes,
que en ese instante sentí como cadenas.
Antes de que me diera la vuelta
se me mojaron las pestañas,
pero llevaba cristales velados,
y nadie me vio llorar.

Estaba intentando escribir un poema, pero al final, lo que quería aflorar era esto. Yo ya no puedo añadir nada.
*** Noches del mes de junio ***
Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.
Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.
Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.
Jaime Gil de Biedma.

Idea inabordable,
sé como hacerte
y te me niegas.
Voy a condecorarte como mi puta preferida,
no te hagas la estrecha,
esta madrugada sacaré a pasear el dandy que llevo dentro.
Recuerda que bajo el traje italiano
me late un corazón más abajo del pecho
que ha calculado todo al milímetro.
Esta vez no asumiré la derrota,
el champán me espera frío en la nevera.
Extraña y desgraciada cualidad triunfalista
de dibujar la perfección con la mano de la mente.

Yo no tengo ángel de la guarda,
tampoco un padre rico
o un novio al que darle el coñazo.
A decir verdad, no poseo nada.
Es más:
si se pusieran de acuerdo 5 ó 6 personas
probablemente tendría que dejar de comer
o habitar entre roedores.
Si dejaran de devolverme los buenos días
me alcanzaría el mismo desconsuelo
que a una fruta en agua caliente.
Hasta el momento no lo han hecho,
puede, entonces, que tengan sus razones.
Muestro dos manos, mucha soberbia,
somera idea de alguna cosa,
y una dentadura joven
para arrancar el corazón a dentelladas.
He sido feliz sólo cuando dejé de pensar.
He insultado,
me han insultado.
Hace muchos años que no me insulto.
Quiero desvestir a la gente de complejos,
quiero que se amen los unos a los otros
para que sean capaces de ofrecerse.
Voy a proteger mi casa de fieras,
voy a ganarme el respeto
con las cicatrices de mis rodillas.

Los insectos sobrevivieron.
De los dinosaurios sólo quedan los huesos.

Qué bonita es la gente.
Me despido,
camino hacia el Metro,
es una noche templada,
víspera de fiesta regional.
Lo digo absolutamente en serio,
qué bonita es la gente,
cómo adorna las calles,
cómo se cuelga de la vida,
guirnaldas llenas que enlazan los dedos.
En los andenes, en los bares,
hasta en la cola del paro.
Cada uno con sus colores,
con su forma singular de atarse el pelo.
Oye tú, ¿de dónde eres?
Allá tengo un amigo viviendo,
se fue por amor.
Qué bonita es la gente.
Y lo digo absolutamente en serio.

Sí, estoy viva.
Y tengo un conflicto entre trabajar, salir y escribir: no soy capaz de ejecutar las tres cosas a la vez.
No obstante, si conocéis un nonagenario de paupérrima salud y rica cuenta bancaria, avisadme y solucionamos el problema de incompatibilidad de los tres verbos.
PD: Tengo un poema en la cabeza. Renuevo en breve.
Vuelvo a pensar en voz alta,
como los dementes,
como la vanidad hecha
a su propia imagen y semejanza,
escuchándose el eco,
hija de un solo ser, clónica, santa,
como un sí a coro párvulo,
como una letanía que se muerde la cola.
El sol asoma por fin
con su color de níspero,
rozándonos la cabeza.
Después tomaremos el perfume
de la ropa recién planchada
como quien estrecha especias conocidas
entre las manos.
Y cuando baje la cortina de la privacidad,
aplaudiremos el atarceder
entre vivas al protagonista.
Ven, acércate a mí,
vamos a limpiranos el aura
sin arrepentirnos de nada por hacer.
No aguantemos las palabras dos veces,
digámoslas todas,
hasta acabar el diccionario.
Hagámonos más dulces y más agrios,
bronceémonos el corazón de metal noble,
curtámonos la piel.
Vamos a ver a través de la gente, de nuevo,
como si sus cuerpos fueran trasparentes.
Sabes que no me equivoco nunca,
que por eso doy mi confianza a uno de cada cien,
(aproximadamente y tirando por lo bajo).
Tendámonos en la hierba si amanece bueno,
ocultémonos si hay balas,
mudémonos si hay guerra,
y agarrémonos de las manos de nuestros amigos
al escuchar el primer trueno.
Imagina cuántos países nos quedan por conocer,
cuántas casas nos faltan por estrenar,
cuántos conciertos por saltar,
cuánto amor por hacer.
Otro poema que sale naranja sin quererlo:
Aquí va a pasar algo.
"Los poetas, y en general la gente que escribe, me parecen extraordinariamente cachondos y desinhibidos. Llevan tanto tiempo leyendo y bocetando cosas fruto de la pura imaginación, que están deseando ponerlas en práctica".
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UNA CITA ROMÁNTICA CON LA BOHE
Y para que veáis que vuelvo con terrible saña os propongo que os acerquéis este jueves 2 de abril a la Asociación Cultural Pipo (en Lavapiés) donde ofreceré junto a mi amigo Juan Pinilla* un recital que dará paso a una jam session poética.
La dirección es Travesía de la primavera 3 (junto al Café Barbieri). Metro Lavapiés, salida calle Argumosa.
A los que conozco, y a los que no, os espero allí. A las 21:30. Poneos guapos y guapas. No faltéis.
* www.juanescribepoemas.blogspot.com

Resulta muy conmovedor veros,
amor mediante,
revolcándoos como dos mamíferos recién nacidos,
casi ciegos,
con los ojos entrecerrados para ver mejor,
aunque dentro de unas horas,
cuando anochezca,
el celo os hará animalmente humanos.
La mano de él, llena de energía estática,
es atraída involuntariamente,
como por leve gravedad,
hacia el pelo negro de ella.
Se hablan tan cerca que no podría separarlos un cirujano.
Dios debe de avergonzarse
cuando todas sus imperfecta obras,
pueden ser capaces de querer de forma sobrehumana,
tan sencillamente,
movidos por un remanso de anuncios televisivos,
por el precio de una caña en la Plaza Mayor.
Me hacéis pensar que casi nada sirve excepto
esto que explico y no me explico,
y me pregunto cómo se me vió en el pasado, desde fuera,
si yo también era así.
Pero eso ahora no importa,
porque es una la circunstancia,
y me conmueve miraros.

¿Por qué nos hemos sentido bien estando tan cerca
cuando en realidad nos sentamos tan lejos?
¡Yo! Que no permito que se me aproximen
a menos de un palmo del cuerpo,
a menos de un metro del corazón.
No se acerquen a la verja electrificada,
ni se le enfrenten a pecho descubierto,
cuidado, perro peligroso.
En qué punto del sudor del verano
comenzaste a desmembrar tu vida,
hilada entre recomendaciones de películas y libros,
-¡joder, Kundera es un misógino y no lo aceptas!-.
Qué sentido tuvo que te disparara la primera bala,
con un "¿Sabes?, escribes francamente bien".
Desde dónde llegaron las ganas de carbonizar el somier,
cuando de madrugada,
ya estábamos demasiado cansados:
yo tengo la llave y yo tengo el candado, te dije.
Me acuerdo de tu casa,
del frío que pasé fuera de las mantas,
y de la voz de la recepcionista
extrañada porque no hubiera dormido en el hotel.
Espero que a cambio tú recuerdes
cómo soy sin ropa interior.
Esto sigue como siempre,
el Prado de noche es algo foráneo,
en el fondo nunca nada ha dejado de ser bastante normal:
la gente bieneducada no se permite perder las formas.
Pero no olvides que las habitaciones son estrechas
y las puertas giratorias,
pues queramos o no,
continuaremos entrando y saliendo
a respirar entre toda la mediocridad del mundo,
y a través de ella, como putas,
nos rozaremos intencionadamente.
No me pesa el juego feroz,
ignorar si acabaré
la partida al sol de la medianoche,
o a la apertura de los comercios.
Me apuesto lo que no tengo,
que soy yo siempre sobre la mesa,
porque no concibo los plazos sin vencimiento,
solamente me arrastran fechas renovadas
para tomarse otra copa
y mirarse de ojera a ojera
-las manchas de rímel en la almohada también son versos-.
Ahora perdona que me levante arremangada,
porque solicita mis servicios un trabajo abyecto,
sin más remedio que ensangrentarme las manos,
tiro limpio en la nuca,
procuraré hacerlo con estilo,
nada de utilizar silenciador.
Pero de aquí al tiempo que sopla a los mortales,
poco, muy poco,
aunque ya no te esté esperando,
si le pides menos al futuro que al presente,
prueba a preguntarme la hora.

¿Hacia dónde correrías tú si el cielo se cayese?
Acaso Fran, volaría hacía arriba.
Con sus ojos azules,
y sus dramas familiares,
mitad ángel,
licántropo entero,
-ya le conocéis,
no os revelo nada nuevo-.
Tan lento,
tan de otro mundo,
tan de paso por éste.
Requebrador medieval
cuando estuve sobre un escenario,
inocente narrador
de vodeviles de chaperos.
No sé qué ha sido de él,
ignoro por qué pasillos caminará.
Pero sólo espero que no sean blancos.
Y con eso ya me conformo.

Dibujo de Igor Heras
Hay un centímetro de mi cerebro
donde ni siquiera llega la vanidad
- y ya es decir-.
Surgió con las paredes blancas,
alrededor había un frente multitudinario
de cosas que no importaban en gran medida:
filfa, datos y números sin correspondencia con el cielo.
Y se instaló para provocarme la poesía y la locura,
la belleza y la significación más completa.
Un día me di cuenta de que en ese lugar
también cabían las personas,
que cuando se marchaban
dejaban marcas de cuadros en las paredes,
permaneciendo como tiza de homicidios
a pesar de las manos de pintura.
Hubo quien se propuso entrar a la fuerza,
y salió escaldado,
hubo quien estuvo de paso,
y se hizo hueco.
Es un lugar donde sólo alcanza lo inconmensurable,
donde el hombre es más que hombre,
museo de los museos,
obra de los dioses en una mañana buena,
declaración en la cual nunca dejé de tomar parte.
Yo pongo el espacio,
disponga la vida todo lo demás.

Eres una bibliotecaria
que ha perdido las gafas, memoria.
Líbranos del alzehimer,
así como de recordar el sufrimiento natal.
Porque tu virtud me da miedo,
porque tú eres Dios, y no Dios,
que decides cómo y cuándo
vas a saltar sobre la música
-quinto corte del disco-.
Acudes vestida de chillón,
siempre dispuesta a increpar,
para encajarnos tu cuento,
en un cruce de imágenes,
a hostias si hace falta,
y nos llamas locos y borrachos,
para acaparar al menos
un instante de mirada fija,
y no irte sin hacernos llorar.
Pero no me obligues
a tratarte como a una conocida,
porque me indujiste al sueño,
y cuando quise acordarme de la historia,
ya la habías reescrito de nuevo.

"¡Qué cabrón!" es lo primero que se me ha ocurrido exclamar cuando he descubierto que Carlos Salem asoma su pañuelo filibustero en la portada del Cultural de El Mundo.
Siempre me he referido a él como un demócrata de la literatura, pues junto a Inés Pradilla ideó una nueva forma de hacer pública la poesía: en un garito, en un escenario underground (pero underground de verdad) y sin ningún tipo de censura previa (excepto la que estipula la ley).
Y Carlos Salem y su idea de bombero de abrir un bar cultural en una ciudad ahogada por los horarios, han sido una de las causas por las cuales este blog lleva vivo más de dos años (y me consta además que la mía es una historia común entre otros jóvenes poetas).
Así que más que enhorabuena, gracias por todo, Carlitos.

Más sobre él y sobre su obra: www.elhuevoizquierdodeltalento.blogspot.com/
La naturaleza es así de blasfema,
fiera abanderada del anarquismo,
innegociadora que escupe en talones en mano:
hace crecer plantas en los tejados,
edelweiss donde la vida llega y no pernocta,
y se resiste con un gesto obsceno
a trepar en macetas de bronce
en casas de a millón el metro cuadrado.
Pues mira arrodillada bajo tejados de zinc
a jóvenes en favelas capaces de
reflejar toda la luz ilimitada de su meridiano y su paralelo
y que corona de algún material noble que no se ve.
O una sola de todas las putas en Montera
que demuestra que la belleza no se argumenta con nada,
que se basa en la mera exposición,
en la estrecha vía del desierto,
en la destitución del bienestar,
porque a pesar de la igualdad de los seres que son,
siempre hay quien nace para ser mirado.
