La nuez de los domingos
No te echo de menos por la mañana,
porque tengo sueño.
No te echo de menos por la noche,
porque tengo que hacer la colada.
Tampoco te echo de menos en el trabajo,
porque ocupan mi cabeza muchas letras a la vez.
Ni cuando leo El médico rural,
ni cuando cierro un banner,
ni cuando me compro un vestido.
Pero me secciona el dolor hasta las lágrimas
cuando casco una nuez
y recuerdo cómo tú me las ofrecías,
abiertas solo con tu mano,
igual que un símbolo de gratitud,
para desayunar en tu casa,
los domingos a la una.
